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Relato porno de un trio por mi cumpleaños con dos amigas

Relato porno de un trio por mi cumpleaños con dos amigas


Ese cumpleaños fue muy bueno e inolvidable, ya me la había pasado celebrando y terminé en mi casa con dos de mis mejores amigas sexuales Cindy y Eli.
Estábamos tomando y bailando nos acariciábamos entre juego y juego las miradas picaras de los tres acompañadas de risas y toqueteos.
Subimos a mi recamara, yo sabia que venia lo bueno, fui al baño a preparar mi verga y al salir vaya sorpresa!. Eli y Cindy se estaban besando pasionalmente, ambas me miraban y sonreían mientras se comian los labios.
Yo observé el acto, ambas tenían minivestidos por lo que sus manos comenzaron a acariciarse la piel, Eli le bajó el vestido de la parte de las tetas y comenzó a chuparsela, Cindy me sonreia, después de un solo movimiento Cindy le quitó el vestido a Eli dejándola con bra y tanguita.
Eli se acostó y Cindy la comenzó a besar desde los pies hasta llegar a su boca, yo entré en acción quitandole el vestido a Cindy, le baje la tanga mientras ella se la quitaba a Eli, comence a lamerle su conchita a Cindy mientras Eli gemia de las mamadas que recibía de parte de Cindy,
Ellas se acomodaron en un 69, se lamían sus conchas mientras yo me desnudaba al verme desnudo ambas se acomodaron para mamar mi verga, las lenguas húmedas de ellas lamían mi tronco y chupaban la cabeza, yo metia mis dedos en sus húmedas vaginas, los labios de ellas ..
-(L)MMMM¡ Aasiiii¡
-(E)Sabrosooo¡
-(C)Que rico pito luis¡
Yo me acoste en la cama, Eli se dirigio a mi cara y me puso su concha mientras Cindy me mamaba la verga, mi lengua jugaba con el clitoris de Eli, la morenita jadeaba y se movia Cindy se comia mi verga, la morenita se acomodo como si fuera un 69 y comenzó a mamarme la verga mientras se besaba con ella.
Cindy se subio y dejo caerse en mi verga mientras Eli mamaba mi verga y la conchita de Cindy, ella empezaba a cabalgar yo mamaba la concha de la morenita ellas se besaban y Eli mamaba las tetas de ella, cambiamos ahora Eli me cabalgaba y Cindy mamaba las tetas y me ponia su conchita en mi cara para comermela.
-(E)Ahhhh¡ que ricooo¡
-(C)Me encantaaaaan¡
-(L)Asii nenas asi¡
Las puse en cuatro , mientras se la metia a Eli mis dedos entraban en Cindy, ellas movian sus caderas yo penetraba a ambas con fuerza, las dos mas ricas que eh conocido estaban siendo comidas por mi, cambie ahora era Cindy quien recibia mi verga y Eli mis dedos..
-(C)Ahhhh¡ Luisss¡
-(E)Ahhh papiiii¡ asi¡
-(L)Son las mejores¡¡¡
Eli se acosto y abrio las piernas, Cindy se le subio encima de ta forma que sus conchas rosaban, comenzaron a rasparse deliciosamente, yo comence a meter mi verga en medio de las dos de tal forma que con cada movimiento penetrara a ambas.
-(L)AGHHHH¡ ESTOY EN EL CIELOOO¡
-(C)Aghhhh¡ me encatass coganmeee¡
-(E)Uff¡ ahhh¡ chicos me matan¡¡
Nos movimos rapidamente los tres jadeábamos y gritábamos, ellas se besaban mientras yo seguia metiendo y sacando hasta que nos venimos juntos sus liquidos se mezclaban y ambas recibian mi leche¡
-(L)Ahhhh¡ nenaaaasss¡ aghhh¡
-(E)Ahhhh¡ asiiii¡
-(C) Uff que ricoo¡ me encanta esa sensacion ahhh¡
Me recoste mientras ellas limpiaban mi verga con su boca, se besaban muy rico, cogimos un par de veces mas casi hasta el amanecer, ya en la mañana nos despedimos y prometimos hacerlo nuevamente.

curiosidades sexuales


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Las mujeres también disfrutan de la pornografía. Según informa el Internet Filter Review, un tercio de los internautas que visitan los sitios para adultos son mujeres, y suman casi 10 millones por mes las interesadas en estas propuestas. Un estudio llevado a cabo por la revista Glamour, un 87% de las mujeres entre 25 y 39 años disfruta del porno como parte de sus hábitos sexuales. Un dato: más del 70% lo mantiene en secreto.


  • Los hombres pueden tener una erección completa en 10 segundos, y a veces les basta con mirar un par de segundos algo los estimule. Las mujeres, en cambio, necesitamos otro tipo de estímulos más relacionados con el cerebro, más intelectuales. No nos conforman fácil.

  • Fingir el orgasmo es habitual entre las mujeres. O, al menos, es mucho más frecuente de lo que creemos. Diversos estudios arrojan que al menos el 50% de las mujeres han fingido el orgasmo en algún momento de su vida.

Relato de sexo de un rapidín con la jefa en la oficina por un aumento


Relato de sexo de un rapidín con la jefa en la oficina por un aumento



Siguiendo con nuestras aventuras sexuales, había pasado solo unas semanas desde nuestro primer encuentro, estábamos en la oficina y nuestras miradas cachondas no dejaban de cruzarse, sonrisas de nervios salían de ella.
Una noche trabajé hasta tarde cuando me disponía a irme me di cuenta que ella aun estaba en su oficina asi que fui a verla. Al entrar ella se puso nerviosa, yo tomé asiento y comencé a pedir ayuda para tener un aumento en la empresa.
-Como te decia, cres que me puedas ayudar con eso?
-Pues dejame ver, no es muy facil
-Jejeje estoy dispuesto a pagarte con lo que quieras.
-Ahh ok.
Me levanté y me dirigí a ella, me puse detrás y comencé a masajearla. Ella se retorcía no se si de nervios o de excitación. Yo comencé a besarle el cuello, ella gemia suavemente, mis manos comenzaron a acariciar sus piernas cubiertas por unas medias color carne, mi lengua lamia todo su cuello hasta sus orejitas…
La temperatura de su cuerpo comenzó a elevarse, sabia que era momento de gozarla, la levanté de su silla y la puse frente a mi, nos besamos pasionalmente y desenfrenadamente mis manos apretaban sus tetas gandes y duras.
Ella me comenzó a desabrochar mi pantalon y bajó apresuradamente para bajarme la truza y comenzar a comer de mi carne erecta por el momento.
-Mmmmm que rico…
-Me encanta lo que haces nena…
-Me encantó tu verga!
-Pues come!
Ella mamaba rapidamente mi verga, yo agarraba su cabeza y no le permitia sacársela de la boca, era muy excitante aunque ya era tarde podrían vernos ya que la oficina estaba abierta.
Me senté en su silla, le levanté el vestido y le hice a un lado su tanga, ella se sentó sobre mi, apoyandose con su escritorio comenzó a darse sentones, yo mamaba sus grandes tetas, mientras la silla rechinaba.
-Ahhhh¡ nena muevete asi ahhh¡¡¡
-Uffff¡ Luis Luis¡ aghhh¡
-Me encantan tus tetas ahhh¡
-Siii muerdelas ahhh¡
Se escuchaban ruidos afuera de la oficina pero nosotros seguíamos parchando, la empiné sobre su escritorio, y comencé a penetrala rapidamente. Ella movia sus caderas, yo la sometía sobre su escritorio con una mano le apretaba la cabeza y con la otra le doblaba el brazo…
-Ahhhh¡ Luis aghh¡ asii¡
-Si putita¡ goza mi vergaa¡
-Aghhh¡ papi soy tu perra¡
-Uff¡ uff¡
Nuestros movimientos se aceleraron, el ruido afuera se hizo mas fuerte, estaban a punto de descubrirnos pero solo queria seguir dandole mi verga.
Moviéndonos rapido y fuerte nos venimos juntos yo la llene de leche ya que no traia condon nuestros fluidos escurrían en el suelo. Escuchamos que alguien subia, nos vestimos rapidamente y cuando subio el vigilante ambos sudados y un poco acelerados fingimos estar hablando de trabajo.
Conseguí mi aumento y una nueva perrita a mi lista.

Relato erótico con el manipulador de mi jefe en varias partes…

Relato erótico con el manipulador de mi jefe en varias partes…


PARTE 2

Fue el fin del diálogo, menuda tarea tuve por la tarde en casa recopilando información de estos empresarios, con mi hija jugando con la play a todo volumen y mi madre que había llegado temprano y me parloteaba sin cesar, casi sin importarle que solo le respondía con monosílabos y trataba de concentrarme en mi trabajo.
Llegado el momento, me duché y mientras me cambiaba le pedí a mi madre que adelantara el pedido de un taxi, me puse una blusa holgada tejida al croché y un jean celeste un tanto desteñido que me pareció discreto y apropiado para la ocasión, ultimé todos los detalles con mamá, le di un beso a Romi diciéndole que no hiciera renegar a la abuela, tomé la notebook, mi cartera y salí presurosa hacia el móvil que hacía sonar su bocina en la puerta.
Fui al bar que había acordado con Gustavo, no tuve que ingresar, su lujoso coche estaba casi en la puerta, estacionado en doble fila con las balizas encendidas, me subí rápidamente, cosa que me ponía un tanto nerviosa por lo que los demás pudieran pensar, porque resultaba muy obvio lo que se pudiera pensar.
Cerré la puerta, me acomodé y lo saludé a mi jefe con un beso en la mejilla, y él me miró con cara desencajada



  • Qué pasa? – pregunté confundida
  • Cómo que pasa? que es esa ropa?
  • Qué tiene mi ropa? – pregunté ahora mirándome, pensando que algo estaba roto, o manchado
  • Diablos… conoces a esta gente mejor que yo, pensé que no hacía falta mencionarte que iríamos a un lugar de categoría, te parece que esa ropa es adecuada? mírate, estas para ir al mercado…
Me sentí un tanto ofendida puesto que lo que para mí era un sacrificio para él era una dádiva, estaba impecable con un traje entre celeste y gris, camisa casi blanca y corbata roja oscura, pero de alguna manera comprendí que su punto de vista era lógico, miró la hora y dijo
  • No importa, estamos a tiempo, abróchate el cinturón de seguridad…
Y antes que pudiera hacerlo ya había arrancado a toda velocidad, no sabía dónde íbamos pero la velocidad me asustaba y permanecía inmóvil, agarrada como gato en el asiento.
Al fin me di cuenta de sus intenciones cuando ingresaba por la rampa al estacionamiento del  Shopping del Siglo, uno de los lugares más paquetes de la ciudad, un lugar donde solo miraba vidrieras en algún que otro paseo, ya que los precios de las prendas que allí se vendían estaban muy lejos de mi alcance, estacionó con premura y me llevó tan rápido que casi no podía seguirle los pasos por lo que lo hacía a un trote corto, nos zambullimos en un local donde fue recibido casi como un rey.
  • Buenas noches señor Lozano, hacía tiempo que no lo veíamos por acá
  • Buenas noches Mauro, no estoy con mucho tiempo…
  • Usted dirá…
  • Estoy con los minutos contados, tengo una cena de negocios, necesito que mi secretaria quede bien sexi, lo mejor de lo mejor como de costumbre…
  • A la orden!
relato erótico con el manipulador de mi jefeNo podía creer lo que pasaba, comprar una camisa y un jean en ese local me hubiera llevado el salario de un mes, casi no pude elegir, en un abrir y cerrar de ojos estaba en un probador midiéndome prendas y casi no opinaba.
Gustavo caminaba contrariado de un lado a otro mirando insistentemente su reloj, incluso hablaba por su celular, entiendo que retrasando la cena, me sentí tan tonta, y si perdiera la oportunidad por mi culpa…
Al fin, una blusa tornasolada y brillante, con escote asimétrico dejando mi hombro derecho descubierto, con una minifalda de látex borravino demasiado corta que marcaba demasiado las caderas y la cola para mi gusto, además la notaba excesivamente corta, lo cual resaltaba mis muslos haciéndome sentir avergonzada, yo no era así, pero no estaba en posición de discutir…
Cuando salí del probador tuve una rara sensación, me sentí bonita, vestida para matar, Gustavo se quedó paralizado al verme, con la boca abierta y en un segundo intuí que había pasado toda su locura.
  • Estás… estás… sencillamente maravillosa…
Sonreí, en mi rutina ya no recordaba lo que era sentirse observada, deseada, solo le dije temerosa
  • Pero Gustavo… yo… yo no puedo pagar por esto…
Mi jefe sonrió por mi inocencia, sacó su billetera donde tenía tarjetas de crédito de todos los colores, le dio una al tipo que lo había atendido y firmó sin siquiera mirar el importe, cosa que yo si hice como si se tratara de mi dinero.
Le pedí cinco minutos más, pasé por el baño, vacié mi vejiga y me maquillé convenientemente, un toque más agresivo haciendo juego con mi look de mujer fatal.
Partimos hacia el lugar del encuentro, ahora más calmo, ahora a menor velocidad, Gustavo cada vez que el tránsito se lo permitía desviaba la mirada hacia mi cuerpo, o se perdía en mis muslos o en mis pechos que resaltaban al ser atravesados por el cinturón de seguridad, sentía vergüenza, me sonrojaba, pero al mismo tiempo sentía una leve picazón, esa que nos envuelve a las mujeres cuando nos sentimos deseadas y bonitas.
Llegamos al lugar, no podía creer el restaurante elegido, demasiado para una noche de negocios pensé, la luz estaba tenue y se respiraba en al ambiente el aire a ‘cajetilla’, nos recibieron como a príncipes y a mi jefe de la misma manera que lo habían recibido en el local del paseo de compras, dejando en claro que era cliente habitual del lugar.
Nos acompañaron a una mesa que daba a un ventanal que era iluminada por las luces de la avenida exterior.
El acomodador corrió mi silla para que me sentara, tratándome como a una dama, aunque pude advertir su mirada indiscreta recorriendo mi cuerpo. Me senté sin decir palabra, pero las cosas no estaban en orden, una mesa ‘solo para dos’, no había nadie conocido, es decir, ‘los franceses’ como Gustavo les decía, empecé a desconfiar de la situación, por lo que me apresuré a preguntar  en voz baja apenas nos dejó el tercero y tuvimos un poco de intimidad
  • De que se trata esto?
  • Una cena, que más… –  respondió Gustavo como haciéndose el tonto
  • Vamos, tu sabes, los franceses? – insistí casi exigiendo una respuesta, sin olvidar que era mi jefe quien estaba el frente
  • Se arrepintieron… no vendrán…
  • Mentiroso… lo planificaste todo, verdad? nunca hubo cena de negocio… solo armaste una historia – en ese momento me sentí encenderme por dentro
  • Tranquila Nora, tranquila, por favor… – dijo bajando la voz y atajándose con sus manos
  • Escucho… – apenas murmuré esperando una respuesta convincente
  • Verás, realmente era una cena de negocios, se de los problemas que te traigo, tu hija es pequeña, no jugaría contigo ni te haría trampas, no te traería engañada, pero estos malditos… se arrepintieron a última hora, y ya tenía toda la agenda armada…
Gustavo me extendió gentilmente su celular, para que revisara con mis propios ojos sus mensajes de whatsapp, evidentemente no me mentía, incluso percibí el enfado en sus textos, mientras yo leía el continuó explicando
  • Tal vez haya sido un error y en tal caso te pido mis disculpas, pero ya tenía todo el programa armado, como verás era demasiado tarde cuando todo se canceló, sé que tu marido está en Bahía Blanca, sabes que mi esposa está en Buenos Aires, los dos estamos solos, así que…
En ese momento nuestra conversación fue interrumpida por el mozo que nos traía las cartas para elegir nuestros platos, tomamos una cada uno mientras nos aconsejaba la especialidad de la casa, pronunció algo en francés que no alcancé a comprender, mi jefe le dijo que preferíamos elegir, entonces, ya nuevamente en la intimidad prosiguió
  • Como te decía, no me pareció inapropiado compartir solo una cena, te propongo una cosa, solo deja pasar el tiempo, tú tienes el control, tú decides que hacer y tú decides cuando se termina, que dices?
Quedé en silencio devolviéndole el móvil evaluando mis posibilidades, era tarde, tenía hambre y nunca había estado en un lugar así, que tendría por perder? Y si algún conocido me viera? era un riesgo que podría correr, Marito no tendría por qué enterarse, y si se enterase, en definitiva, no estaba haciendo nada malo.
Miré hacia abajo de casualidad, la minifalda estaba casi a la altura de mi vagina, en esa posición, sentada se subía lo suficiente para que mis muslos quedaran sugerentemente desnudos, pregunté:
  • Y la ropa?
  • Que hay con eso?
  • Por qué me compraste esto y me hiciste vestir así?
  • Bueno, me atrapaste… en primer lugar porque esa fina ropa es adecuada para un sitio como este, en segundo lugar, porque nunca te había agasajado, y aunque nunca te lo diga, eres excelente en tu trabajo, y te mereces una recompensa, y en tercer lugar, el más importante, porque eres hermosa, y necesitaba verte como toda a una mujer, que llenes mis ojos…
Gustavo notó que solo me sonrojaba con sus palabras, aunque en el fondo me encantaba porque nunca me habían tratado de esa manera, me sentía seductora y seducida al mismo tiempo, entonces cambiando de tema dijo
  • Elegimos?
Para mi desgracia, todos los nombres de los diferentes platos eran inentendibles, era más francés que castellano y me di cuenta cuán lejos estaba su mundo y el mío, al fin me rendí y le dije bajando la carta
  • Solo quisiera un buen salmón rosado con alguna ensalada y papas, si puede ser… – nunca había probado ese plato, pero siempre escuché que era algo especial
Él sonrió y llamó al ‘garzón’ para hacer el pedido.
Al poco tiempo nos habían traído algunos quesos para esperar el plato principal y un vino tinto fino que se encargó de catar, cosa que me provocaba cierta gracia puesto que esto era para mí un mundo de película, una foto de la aristocracia que siempre me había causado cierta repulsión.
Gustavo comenzó charlar sobre nuestras cosas de trabajo, acerca de cómo me sentía, sobre la vida, sobre nuestros día a día revoloteando por varios temas sin detenerse en ninguno en particular, cosas que obviaré porque no vienen al caso, hasta que trajeron nuestros platos principales, él había pedido una carne con papas y un revuelto de cremas que parecía tener más nombre de lo que en si era, en un momento llevó la conversación hacia mi esposo
  • Y? como es tu vida con Mario, eres feliz?

Relato erótico con el manipulador de mi jefe en varias partes…

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PARTE 1

Mis padres me criaron bajo los más estrictos preceptos de la religión cristiana, mamé en el seno de mi familia una cultura muy arraigada a la iglesia, todos los fines de semana asistíamos a misa y mi madre incluso fue por bastante tiempo colaboradora en la parroquia y solía ir en la semana alguna que otra vez a rezar el rosario.
Como imaginarán, y como consecuencia lógica, siempre fui una chica muy vergonzosa y timorata a la que le costó engranar en la vida y muchas veces mi inocencia me jugaba en contra.
El punto de quiebre fue a mis dieciocho, cuando quedé embarazada, Mario, o Marito como lo llamaban en casa, era mi noviecito en ese entonces, éramos demasiado jóvenes, inexpertos y con las hormonas fluyendo en nuestras venas, imposible de controlar.
No sabíamos nada, o casi nada, en mi casa jamás me habían hablado de sexo, tema tabú si lo había y otro tanto pasaba en lo de Mario, nos habíamos conocido en los encuentros dominicales de la parroquia.
Fue muy duro enfrentar a nuestras familias, en especial fue una decepción para mi padre quien jamás hubiera imaginado semejante noticia, el soñaba entregar a su hija vestida de blanco en el altar, de blanco impoluto, jamás tocada.
Pero la realidad fue otra y el tiempo curó las heridas, aunque a papá creo que siempre le quedó la espina clavada.
Dos años después papá falleció de un accidente cardiovascular, fue imprevisto, de golpe, lloré mucho, él era muy importante en mi vida, a tal punto que el dolor me llevó a alejarme de Dios, aún hoy no encuentro respuestas y dejé mi fe guardada en el cajón de los recuerdos.
Esa es la arcilla con la que fui moldeada, porque cada uno es una consecuencia de lo que fue, de lo que vivió, de lo que mamó.
Vamos a mi presente cercano, ya tengo veinticinco, vivo con Mario, mi esposo y Romina, mi beba que ya está por cumplir seis añitos, es mi razón de vivir.
Mario ocupa un alto cargo en una empresa de siderurgia, de servicios, no entiendo mucho del tema pero lo cierto es que se la pasa viajando demasiado por todo el país, supervisando montajes y no sé qué cosas más que siempre me cuenta, sus anécdotas son por demás de aburridas, al menos para lo que una mujer como yo pueda interesarle.
En los primeros tiempos mi espacio se llenó con la crianza de Romina, pero desde que había empezado el año inicial del colegio descubrí que tenía demasiado tiempo disponible y poco a poco comencé a sentirme desesperadamente sola e inútil, me di cuenta que me estaba deprimiendo en mi soledad y que si no hacía algo al respecto las cosas no caerían del cielo solo por arte de magia.
Los discutimos con Mario, y con mi madre, y con mis suegros, comencé a buscar un empleo a medio tiempo, si bien mi marido ganaba suficiente para mantenernos, necesitaba sentir que estaba viva, que podía ganar mi propio dinero, necesitaba llenar mi espacio, ser alguien diferente a lo que era.
Así fue que luego de presentar algunos curriculum vitae, luego de tocar algunos contactos y conocidos, luego de algunas entrevistas y esperas, tuve la oportunidad de ingresar al estudio de Lozano-Gorostiaga.
La remuneración no era mucha, no se paga mucho por una simple secretaria, pero no estaba ahí por la paga, al menos no en ese momento, me convenía ingresar a las ocho de la mañana y salir a las doce del mediodía, el horario del colegio de Romina, sabiendo que ante cualquier imprevisto podría contar con la ayuda de mi madre, o de mis suegros.
El estudio jurídico contable no era muy grande, tampoco era chico para tres personas, ellos tenían la mayor porción del lugar y a un lateral estaba mi oficina, separadas por vidrios con cortinados que ellos abrían o cerraban cuando creían conveniente.
Llevaban el asesoramiento de algunas empresas de la zona que por razones confidenciales no nombraré, solo entre las más importantes una autopartista automotriz, una radiodifusora y un complejo hotelero.
Tenían buenos contactos, banqueros, judiciales, hasta políticos, sabían lo que hacían.
Y ellos poco a poco me fueron soltando la correa y dando más responsabilidades, de simple telefonista y recepcionista pasé a manejar balances, a hacer recorridas bancarias, a mover dinero, deambular por tribunales, pasaba mucho dinero delante de mis ojos, más de lo que a mí me sonaba lógico.
Gustavo Lozano es contado público, llegando a los cincuenta años, gusta de la buena vida, ostenta su coche importado, imponente, lustroso, ese, el de los cuatro círculos, un tipo de poco más  un metro ochenta, bien mantenido a base de practicar deportes y gimnasio, de cabello corto, llamativamente canoso por su edad, de sugerente ojos verdes, perfectamente afeitado.
Usa finas ropas, invariablemente traje y pantalón de vestir, costosos perfumes importados, inteligente, rápido, vivo para los negocios, siempre un paso adelante, un ganador por naturaleza, siempre por sobre la media, no era de conformarse, llevaba el liderato en las venas.
María José Gorostiaga, su esposa, es abogada, delgada, alta, tan alta como el, cuando usa tacos hasta lo pasa en altura, hago memoria y creo que jamás la he visto en pantalones, generalmente viste una incontable cantidad de trajes Chanel, exóticos y exclusivos.
De mirada penetrante, ojos negros y cabellos a los hombros, teñidos perfectamente a un negro azabache, envidiablemente brillantes, muy fina y delicada para hablar, aunque lo negara era evidente un lifting en su rostro y sus pechos artificiales, siempre maquillada a la perfección, con las uñas esculpidas pintadas en rojo sangre. Ella tiene un coche japonés de dimensiones modestas, pero no por ello privado de lujos.
El matrimonio forma un dúo impecable, socios, en un mundo de abogados y contadores, sé que tienen un hijo que podría ser mi hermano menor, un mocoso malcriado que tiene todo al alcance de la mano, fanfarrón en su moto de alta cilindrada que conduce de tal forma que el ruido de su escape hace temblar los vidrio del lugar.
Pero bien, vamos a centrarnos en el último año…
Como entenderán, la convivencia diaria entre tres personas, empiezan siendo laborales, pero es inevitable que poco a poco se mezclen temas personales, así fue que me enteré de las cosas narradas antes y ellos también se enteraron de mi vida personal.
Nadie tenía horarios fijos, como me tocaba recorrer bancos y clientes, ellos también iban y venían, a veces estaba sola, a veces ellos estaban solos, a veces compartía horas con María José y a veces con Gustavo.
Gustavo era un tipo con experiencia en la vida, y en mujeres, podía notarse fácilmente, y cuando estábamos a solas no dudaba en tratar de acercarse, modestia aparte, atraído por mi belleza y por mi juventud. Él fue el de la idea de que tuviera un uniforme de trabajo, camisa blanca, chaqueta negra y pollera ajustada del mismo tono y una delicada y femenina chalina violeta rodeando mi cuello. Pero la pollera era bastante corta y me hacía una cola demasiado provocativa y sugerente, no soy tonta…
Mi jefe me ‘coqueteaba’ cada vez que podía, se insinuaba, y sé que muchas veces me llamaba con cualquier pretexto solo para verme al volver, podía sentir su mirada quemando mi trasero.
Era recurrente con un tema, me preguntaba si usaba lencería erótica, me decía que me imaginaba con un corsé, medias y porta ligas blancas, a lo que yo me sonrojaba y me reía nerviosamente desviando la mirada, solo diciéndole que no moleste, a lo que el siempre retrucaba por la suerte que tenía mi marido.
Hablando de mi marido, no le ocultaba estas cosas, estas palabras con mi jefe, pero él nunca le daba demasiada importancia. También le decía a Gustavo que me preocupaba lo que su esposa pudiera pensar, pero el siempre reía a carcajadas y me decía que no me preocupara por la abogada…
Poco a poco me fui enredando como mosca en tela araña, Marito estaba lejos demasiado tiempo y la soledad no es buena consejera, Gustavo iba carcomiendo poco a poco mis cimientos y cada tanto me invitaba a tomar una copa, un café, lo que sea, en especial cuando visitábamos algún cliente, se ponía pesado y cada vez se me hacía más difícil darle un no como respuesta.
A todo esto no podía creer la pasividad de María José, o era ciega o era muy estúpida. Su esposo me trataba demasiado bien para ser solo una empleada, para el día de la secretaria me regaló un ramo de rosas con una caja de bombones y si bien la tarjeta decía ‘María José y Gustavo’, el me dejó bien en claro que era solo una formalidad y el obsequio corría solo por su cuenta.
Todo se desmoronó la última semana, el viernes se acercaba el fin de la jornada cuando Gustavo me contactó por chat, él estaba en la calle por lo que supuse que lo hacía desde su móvil
  • Nora, necesito pedirte un favor grandísimo…
  • Si, Gustavo, en que puedo ayudarte? – contesté mientras releía mis correos
  • Sabes que estamos con el tema de los franceses, y estoy ultimando los detalles – Gustavo llamaba ‘los franceses’ a unos empresarios que estaban con temas de gastronomía, por cierto, ‘los franceses’ era en todo de sarcasmo.
  • Sí, estoy al tanto…
  • Bueno, esta noche tenemos una cena, y necesito que vengas…
  • Esta noche? – escribí un tanto molesta, odiaba que me pidiera las cosas tan sobre la hora.
  • Si, esta noche, es muy importante, lamento molestarte, sé que te incomodo pero sabes que María José viajó a Buenos Aires, y necesito quien me dé una mano…
  • Dame un momento, en cinco te contesto…
En ese momento no me pareció nada raro, si bien no era habitual, cada tanto ellos cerraban sus negocios en una cena, o en un almuerzo, en algún lugar de etiqueta, fuera de la oficina.
Ya conocía de estas cosas y cuando me tocaba participar era quien iba anotando los detalles de la conversación, el primer problema era mi pequeña hija, así que llamé a mamá para que se llegara a casa a cumplir funciones de abuela y niñera.
Mi madre ya estaba acostumbrada a estas cosas y disfrutaba en su rol de abuela, así que no tuve inconvenientes en saltar el obstáculo.
Mi jefe es un tipo impaciente, y antes de los cinco minutos ya me llamaba directamente a mi celular
  • Nora, y? tengo que cerrar la reserva y otras cosas…
  • Pará Gustavo, las cosas no se resuelven en un abrir y cerrar de ojos – reclamé levantando la voz, olvidando con quien hablaba, cosa que hizo que el levantara el pie del acelerador y meditara sus pasos
  • Lo siento, estoy con bastante presión…
  • Bueno, así está mejor… no te preocupes, mi madre se quedará a dormir con Romi, así que tendré tiempo para ti, esto les saldrá caro… – sabía que esas reuniones empezaban y nunca terminaban, negocios son negocios, y sabía que le sacaría unos pesos extra por mis servicios.
  • No te preocupes, serás recompensada como de costumbre… paso por tu casa? a las nueve?
  • No Gustavo, por casa no, sabes que me incomoda, mejor pasá por el bar de Italia y Pellegrini, como de costumbre, te parece? te espero ahí – no me parecía apropiado que en la ausencia de mi marido pasara a buscarme por casa un tipo con un flamante coche importado, por el que dirán en el barrio y por las preguntas filosas de mi madre, por lo que buscaba un punto neutral de encuentro.
  • Ok, como prefieras, no olvides de llevar tu notebook y todos los registros de los franceses…
  • Si, si… conozco mi trabajo.
  • Listo, cualquier problema nos hablamos
  • Chau!
  • Nora!
  • Si?
  • Gracias…

Relato porno cenándome a mi vecinito con el que cogí rico


Relato porno cenándome a mi vecinito con el que cogí rico


Hola nuevamente reportándome con ustedes, les contaré mi aventura sexual más reciente, antes les daré unos pequeños detalles de cómo se fueron dando las cosas.
Desque llegué a vivir a esta colonia noté que a uno de mis vecinos no le era yo indiferente, podía sentir sus miradas cachondas y morbosas desvistiéndome, pero no se animaba a decirme nada hasta hace unas semanas que todo comenzó con una plática muy normal.
Cierto día yo no podía dormir porque se sentía mucho calor y a eso de las 11pm me puse a ver videos en la sala de mi casa, para esto la casa de mi vecino queda de frente a la mía y desde su recamara puede ver si estoy en la sala.
Pasó poco tiempo y llegó un mensaje de él, me preguntó que si todo estaba bien, que se le hacia raro ver luz a esa hora. Le comenté que no podía dormir porque sentía mucho calor en mi cuarto, el me contesto nosotros también estamos en las mismas por eso ya saque una botella de vino para aprovechar la noche y estamos como dios nos trajo al mundo…
Solo pude contestar, no pues ustedes no pierden el tiempo pero yo estoy sola en casa, mi esposo había salió a trabajar.
Me preguntó que llevaba puesto para ese calor y le dije que un baby doll negro para estar preparada por si llegaba a buena hora mi esposo.
La plática empezó a subir de nivel, me empezó a mandar fotos de su miembro el cual no estaba nada mal y obvio también le envié algunas para que se emocionara.
Esa noche ahí quedaron las cosas, él se despidió diciendo que la botella se había acabado y ahora era el turno de darle placer a su querida esposa. Yo me quedé muy húmeda pensado en las fotos y en lo que le estaría haciendo a ella, no me quedó de otra más que masturbarme esa noche pensando en él y en el placer que me podría dar con esa verga, rica y dura.
Al día siguiente salí a trabajar vestida con una minifalda, blusa ajustada y mis zapatillas al salir de mi casa. Noté que él estaba en su ventana y solo lo saludé.
No tardó en llegarme su mensaje y decirme que me veía deliciosa con esa falda que si llevaba una tanguita para que hiciera juego con la falda y le contesté que si.
Al llegar a mi trabajo le mandé una foto de la tanguita que llevaba y de mi culito en pose, me dijo que se le antojaba penetrarme en ese momento que todo se veía riquísimo, estuvimos mandando textos por días.
Hasta que el sábado pasado me dijo que no aguantaba más las ganas de hacerme suya, que iría por mí a la hora de salida y que nos escapáramos un rato a algún motel, no tenía mucho tiempo porque mi esposo estaba por llegar a casa, pero la emoción de sentir otra verga en mi interior me humedeció muy rico y le dije que pediría permiso para salir antes y así aprovechar un poco más de tiempo.
No quería quedarme con las ganas de nada, así que ese día me fui preparada con mi mejor lencería y un vestido corto para que fuese todo más rápido.
Llegó por mí, los dos estábamos un poco nerviosos pero empezó acariciarme las piernas, sentía como poco a poco se me calentaba mi cuerpo y mi picha, yo quería comerlo a besos.
Sentir esas manos ansiosas recorriendo mi cuerpo me estaba volviendo loca, como teníamos poco tiempo solo orilló su carro en una calle un poco oscura y aprovechamos que tenía vidrios polarizados para empezar el faje.
Tan solo de recordar sus manos acariciando todo mi cuerpo me vuelve a calentar muy rico, me subió el vestido y sintió lo húmeda que me estaba poniendo, yo sentí su verga muy dura, se la saque del pantalón y mientras el acariciaba mis nalgas yo empecé a chuparle la verga que estaba bien lubricada…
Me la metía toda a la boca y por sus gestos sentía como le gustaba, mientras el me hacía de lado mi tanguita para meterme uno de sus dedos y empezar a jugar con mi clítoris, le desabotoné la camisa y empecé a chuparle el pecho, luego me monte en él y solo jugueteaba con su verga.
Solo la rozaba con mi picha para que el sintiera la humedad y su calor, cuando no puede más la metí de golpe y empecé a darle unos ricos movimientos con la cadera mientras el baja el cierre del vestido y chupaba mis pechos.
Esa sensación de tener el mando por unos momentos y estar en una calle donde nos podían ver me tenía muy excitada y tuve dos orgasmos pensando en que mi marido estaba por llegar a mi casa y yo siendo penetrada por otro hombre.
Fue una cogida muy rica algo incomoda por el lugar pero nos quitamos la ganas mi vecinito y yo, aún tenemos pendiente un encuentro ya en un lugar más apropiado, esperemos que en estos días se den las cosas…
Después de estar con él llegue a casa como si nada, tome un baño y me puse muy rica para recibir a mi esposo. Él llegó y lo esperaba en la cama totalmente desnuda, empecé a desvestirlo y no puso resistencia, luego luego su verga se puso dura y me la metí a mi picha, le dije que lo había extrañado mucho que me hacía falta y al estar penetrándome pensaba en el momento anterior con mi vecino.
Fue tan rico estar en los brazos de mi marido y pensando en lo que había hecho momentos antes. Tuve unos orgasmos riquísimos y pues creo que de eso se trata esta vida, de vivir y disfrutar al máximo las oportunidades que nos da la vida.
Espero les guste este relato erótico y si se dan más encuentros con gusto los mantendré informados. Espero subir fotos porno para la próxima

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